Diez años de escenarios, diez años de ensayos, de componer, de probar letras, de escuchar y escucharse. La banda cordobesa La Tico cumple una década de existencia y lo va a festejar a lo grande con un show en vivo. Gonza, Javi y la Chini vuelven a los pasillos de Collegium, pero esta vez para charlar sobre su trayectoria como banda, en una Córdoba cambiante y en constante movimiento.
Diez años atrás, las primeras canciones de La Tico empezaban a tomar forma en los pasillos de Collegium, en los recreos y en las mismas clases. Esos primeros acordes y melodías pegadizas serían las semillas de un proyecto incipiente que, con el tiempo, se convertiría en una banda con identidad propia dentro de la escena musical cordobesa.
“Muchas personas de acá de Collegium nos van a acompañar tocando”, cuenta Gonza sobre la fecha aniversario. La historia de la banda está íntimamente ligada a esos años de formación: “En Collegium nos cruzábamos, compartíamos muchos talleres con los pibes de Tecnicatura, también los pibes de Audición, entonces eso también creo que nos llevó a unirnos y a formar una comunidad”.
Y si hay algo que aparece una y otra vez durante la charla es la palabra amistad.
“Somos amigos. Yo siento que tengo cinco hermanos varones más. Nos reímos, nos peleamos, nos enojamos, nos amigamos, la pasamos bien”, , dice la Chini mientras recibe el mate y se lo pasa a Javier.
Entre el mate y el termo se despliega una pequeña coreografía que parece resumir años de compartir ensayos, escenarios, viajes y canciones. Coordinan sin pensarlo, como quien se sabe de memoria los movimientos del otro.
La Tico es una banda de rock argentino de Córdoba Capital, creada en 2015 por músicos formados en Collegium. Su sonido fue mutando a lo largo de estos diez años y recorrió diferentes territorios musicales, transitó los caminos del rock and roll, blues, funk, candombe, murga, punk y folclore. En ese recorrido pasaron por escenarios como Cosquín Rock y La Nueva Generación, además de bares, salas y festivales de Córdoba y la provincia.
“Somos más así como rockeros de la vieja escuela”, cuentan. Aparecen entre sus referencias León Gieco, Viejas Locas, El Bordo y Los Fabulosos Cadillacs, pero también mucho cuarteto y, más recientemente, un creciente interés por el folclore.
“En la primera etapa fue más rock and roll, funk; después fue mutando y pasó a lo latinoamericano y ahora, bueno, estamos más en lo que es un aire folclórico. También hacemos un coro de ‘Vidala para mi sombra’”, explican. Esa búsqueda constante aparece en sus canciones y en sus presentaciones. Los géneros se cruzan, los instrumentos cambian de manos y los roles se transforman. En cada show hay un impulso lúdico fundamental, disfrute e improvisación, que invita al público a estar atentos a qué puede suceder en la canción siguiente.
Los primeros años estuvieron marcados por el impulso de tocar en todos lados. “El objetivo era tocar, tocar, tocar, tocar. Había muchos espacios. El Abasto todavía estaba muy vigente, Güemes era todavía un boceto de lo que es hoy”. Desde entonces atravesaron pandemias, crisis económicas y también la adultez, con sus trabajos, responsabilidades y tiempos cada vez más difíciles de hacer coincidir. Y, sin embargo, siguen encontrándose para hacer música.
En el camino compartieron escenario con bandas como Las Pastillas del Abuelo, Los Gardelitos, La 25, Cielo Razzo, La Chancha Muda y Piti Fernández, además de músicos e integrantes de Viejas Locas, Intoxicados y Callejeros, Gaspar Benegas y Más Sola Que Carola, entre otros.
La banda está formada por Pablo Agustín Gómez (guitarra eléctrica, guitarra española y voz), Gonzalo Argenti (guitarra eléctrica, guitarra española, charango y voz), Sindhy Cerra (voz y accesorios), Javier Ojeda (bajo, quena y voz) y Nicolás Caprari (batería, bombo legüero y accesorios). En sus shows, los instrumentos van pasando de mano en mano y los roles cambian, todos están en movimiento, atentos a sorprender en la próxima canción.
Un auto, una banda y miles de historias
La Tico lleva miles de historias a cuestas y hasta su nombre tiene una historia propia. El responsable es el primer auto de Pablo, guitarra y voz de la banda: un autito similar a un Fiat 147, algo así como un auto payaso en el que se subían todos los integrantes y que los llevaba a todas partes.
“A veces éramos ocho adentro. Empezábamos a juntarnos e íbamos a todos lados en el Tico”, recuerdan. Entre las hazañas del pequeño auto está haber bancado el camino desde Río Grande, Tierra del Fuego, hasta Córdoba. De ahí salió el nombre de la banda y, con él, una parte de la identidad que todavía los acompaña.
Su primer EP, Esperanza Kamikaze, también habla de esa manera de vivir la música. La idea de ser un “kamikaze” al subir a un escenario, de abrir el corazón a nivel personal y artístico y darlo todo arriba y abajo del escenario, pero manteniendo siempre la esperanza.
Un público amigo
Si la amistad es uno de los pilares de La Tico, también lo es el vínculo con su público. “Somos amigos de nuestro público”, dicen. Se buscan, se encuentran y comparten recitales, guitarreadas y momentos que exceden la música.
Las banderas de La Tico, los amigos, el aguante y las historias compartidas forman parte de ese universo. Incluso uno de sus seguidores más fieles decidió tatuarse el logo de la banda. Diez años después, la comunidad que se construyó alrededor de las canciones parece ser otra forma de medir el camino recorrido.
Durante la charla aparece un afiche de hace años: el de uno de sus primeros festivales en Collegium. El Festival Amalgama anunciaba bandas del colegio, una entrada anticipada de 40 pesos, un número de WhatsApp para reservar y Facebook como red social para seguir las novedades. Una pequeña cápsula del tiempo que permite mirar cuánto cambió la escena musical y cuánto cambió también la vida de quienes estaban ahí.
Aprender a hacer música, aprender a hacer comunidad
La conversación vuelve una y otra vez a Collegium. A las materias, los docentes y las experiencias que, con el tiempo, terminaron siendo herramientas para la vida artística y profesional.
“Principalmente Composición fue el puntapié inicial para empezar las composiciones nuestras”, recuerdan. También aparecen las materias de coro, Didáctica y el Concierto Didáctico como experiencias que dejaron huella.
“Todas las materias de coro eran de mis favoritas. Amo la grupalidad en el canto. Las materias de didáctica también, para la docencia. Todo eso, con la Lore, la Belén Silenzi, las prácticas docentes, también fue un gran acompañamiento. Te abrían la cabeza a cómo podías concebir la música en el aula y en el día a día”.
Y hay una experiencia que recuerdan especialmente: el Concierto Didáctico, de la materia Producción Musical. “Para mí fue, y es, de las cosas más lindas de la carrera”, dicen.
Más allá de lo musical, esa experiencia les dejó otro aprendizaje: cómo producir, organizar y sostener todo lo que pasa alrededor de un escenario.
“Te enseña a producir el evento. Ahí está la clave, porque en la escena de rock de Córdoba es medio remar en el barro: te vas curtiendo con el tiempo.”
Para ellos, el Concierto Didáctico fue una primera experiencia de ese aprendizaje. Entender que si sos guitarrista necesitás tener tu amplificador, que un espectáculo implica mucho más que tocar y que arriba de un escenario también hay que aprender a expresarse. En ese recorrido recuerdan especialmente el aporte de Chiqui La Rosa y el trabajo sobre la expresión escénica.
Diez años después de aquellas primeras canciones en los pasillos de Collegium, La Tico sigue haciendo lo que hacía entonces: encontrarse, tocar, probar, escucharse y volver a empezar. Solo que ahora llevan una década de historias, escenarios y canciones a cuestas.
La Tico celebra sus diez años el viernes 4 de septiembre, junto a la banda invitada Cordillera, en Chili Street Club (Fructuoso Rivera 273), a las 19:30.
