Luana Chena, más conocida como Xuana, es una artista neuquina que reside en Córdoba. Estudia la Tecnicatura Superior en Instrumento en Collegium y también es locutora nacional. Su camino por la música empezó desde el cuerpo, bailando todos los ritmos posibles (árabe, bachata, salsa) con su mamá. Sus papás le insistieron en que probara su voz en clases, y eso fue un antes y un después. Se vino desde Neuquén para estudiar música y, desde entonces, su proyecto la llevó a experimentar con distintos géneros y propuestas.
Sus primeros trabajos se publicaron el año pasado: dos EPs, Iluminar y Amores y el silencio. Ahora presenta Horror Cinema, su primer disco de estudio, que reúne nueve canciones y tres géneros musicales, del soul al postpunk. En él explora las vicisitudes del amor a partir de guiños al cine icónico de terror, su expresión vocal y su personalidad artística.
Xuana es compositora y productora, y trabaja junto a su profesor y socio, el productor musical Naave (Nicolás Saavedra), que la acompaña en producción, mezcla y mastering. Horror Cinema se lanza el 7 de noviembre en todas las plataformas digitales, a excepción de Apple Music, que consideró que la portada era demasiado gráfica.
El lanzamiento viene acompañado de un videoclip, Birthday, que sale este mes. En los próximos meses se sumarán los videos de Horror Cinema y Can You Feel the Beat, canciones que también forman parte del disco.
Tuvimos el gusto de charlar con ella y nos contó todos los pormenores de este trabajo.
¿Cómo definirías a Horror Cinema? ¿Qué particularidades y juegos tiene en torno a la voz?
Horror Cinema básicamente es algo paródico, porque el disco narra mucho de mis experiencias personales, de lo difícil que es desarrollarse como artista y como persona. Y a la vez, porque enamorarse en mi vida se siente como una película de terror. El amor para mí fue llevado a un pico de terror, de locura. Entonces quise parodiarlo desde ese lado.
Este disco tiene la particularidad de que la mayoría de las composiciones están creadas desde la voz. Arrancamos, no sé, con una melodía de mi voz duplicada, trabajando con armonías. Después sumamos un instrumento armónico para acompañar la pieza, y ya con el resto se fueron agregando detalles estéticos.
Experimenté muchísimo con la voz en este disco. Mostré muchísimo mi rango vocal: lírico, registro medio, agudo, grave, te meto todo. Fue también demostrarme a mí misma que podía hacer algo más novedoso de lo que ya venía haciendo.
¿Cómo te desafió la creación de Horror Cinema?
Hace poco leímos para una materia de la facu un libro que se llama Free Play, que seguro muchas conocen, y que entre otras cosas habla de improvisar en la vida y en el arte. También trata sobre el poder de los errores: que los errores no existen, y que el músico tiene que surfear esas incomodidades para llegar a resultados a los que quizás no hubiera llegado si no hubiera atravesado esos sentimientos.
¿Qué te llevás de Collegium, tanto para tu proyecto musical como para el trabajo vocal? ¿Con qué venís creciendo audición tras audición, en las presentaciones internas y hacia afuera?
Yo siento que acá pude afianzarme más como artista, desde la confianza, justamente por la comunidad linda que se formó. Al estar todos en las mismas dudas o transitando el mismo camino, tenés la fuerza y tenés nuevas herramientas para desarrollarte y desenvolverte en el escenario. También la crítica constructiva que recibí acá, de amigos, de compañeros, de profes, fue hermosa.
A mí Collegium me dio un cambio de 360, porque yo era una persona muy tímida. Pero muy tímida. Entré muy asustada, era muy introvertida, apenas hablaba, estaba así chiquitita.
Yo vengo de otra facultad. Estudié música acá en Córdoba y no tenía ese mismo ambiente para trabajar. Era un ambiente hostil, con mucho conflicto, mucho de mirar al otro, mucha competencia. Eso a mí me achicaba y me apichonaba la voz, porque sentía que no tenía la confianza para desenvolverme.
“Cuando puse un pie acá fue totalmente diferente. Gracias a eso empecé a desarrollar mis proyectos artísticos, y se sintió muy lindo, una liberación total. Hasta que, no sé, empecé a hacer amigos, y ellos me dieron la fuerza que necesitaba para usar mi voz, expresarme, reírme y ser yo.”
¿Cómo es tu relación con tu voz hablada y con la cantada? ¿Y con el significado de las palabras?
Siento que mi voz hablada ahora la empecé a incorporar también en mi música. Al principio estaba separada: era la Luana locutora que locuta y la Luana que canta en otro lado. Ahora empecé a integrar esas dos partes de mi ser, de la voz, y se hizo algo bastante hermoso, porque la gente a veces reconoce mis canciones por la parte narrada.
Con mi profe de canto empezamos a desarrollar más y más y a jugar cada vez más con la voz hablada, la cantada, el actuar. También con otras materias, como teatro. Siento que ya no soy la misma que fui al inicio, y que este proyecto me representa muchísimo.
¿Qué materias dirías que fueron y son fundamentales en tu proceso de aprendizaje, sobre todo en cuanto a los juegos y las técnicas?
Primordialmente, mucha educación vocal. A nivel personal, otra cosa que me ayudó mucho fue técnicas corporales. Con Chiqui La Rosa aprendí un montón sobre mi voz. Aprendí a verla como parte de mi cuerpo y no como algo individual a mí.
Mi cuerpo también es parte de lo emocional: hay un cuerpo emocional y un cuerpo físico que siente, y la sinergia que se crea entre esos cuerpos es lo fundamental para poder llegar a hacer algo como artista.
¿Cómo entendés la voz como instrumento?
A mí me pasaba que en su momento cantaba siempre como contralto, con un registro más bien medio-grave. Hasta que tuve a mi profesora Jazmín Paz, que empezó a jugar con mi registro y a decirme: “Vos llegás más arriba, podés jugar más arriba”. Y ahora mi registro se amplió. Fue un abanico de posibilidades que yo no sabía que existía, porque a mí me habían dicho: “Vos sos esto, entrás en este rol, no podés cantar en un registro más mezzo, más soprano”.
Jazmín me dijo: “¿Cómo no vas a poder? Mirá cómo te demuestro que sí”. Empezamos a jugar y ahí se desbloquearon un montón de cosas.
Es más combinar lo personal con lo teórico, porque ella también me dijo: “Si vos estás dudando de lo que hacés, no lo vas a hacer”. Y ese fue otro descubrimiento.
¿Cómo construís tu identidad a través de la búsqueda de tu voz?
En mi caso, mucha gente me pregunta por qué no uso Luana Chena, mi nombre, como nombre artístico. La razón es que quise crear una nueva identidad con Xuana, que se escribe como Luana pero con una X al inicio, como tachando la L. Es también como ponerme una máscara para tener más confianza en mí misma. Ella es todo lo que a veces a mí me cuesta ser: más segura, más intrépida, loca, se desquicia, ¿entendés?
¿Cómo fue el trabajo audiovisual de Horror Cinema?
Es algo diferente a los primeros lanzamientos, pero ligado a la estética del personaje de Xuana, que juega mucho con las luces y las sombras. La propuesta combina el horror, lo paródico y muchas referencias vintage de las películas bizarras de los años 60 y 70. Yo dije: “Vamos a partir de la base, Scream. Scream no me puede faltar”. Y lo fusionamos con algo más actual, una película que salió hace poco, que se llama Obsession. Quería actuar de desquiciada, y fuimos por ahí.
Todo esto fue posible gracias a Mica Zeni, la directora creativa que elegí para este proyecto. Me contacté con ella y con su equipo, que la verdad hicieron un trabajo excelente. Nos juntamos en su casa y grabamos tres videos. Fue una jornada de un montón de horas: arrancamos al mediodía y a las diez de la noche habíamos terminado.
¿Cómo vivís esas emociones que a veces uno ni quiere atravesar o a las que les tiene miedo? ¿Cómo las enfrentás?
Para mí mi música es plenamente una catarsis, un diario abierto. Por ahí va mi búsqueda artística. Obviamente lo estético va en segundo plano: en el momento de la composición todo está más ligado a lo emocional.
Hay un chiste que me hacen mis amigos: cuando me va mal en una relación, se viene un disco nuevo. Me joden todo el tiempo con eso, y es verdad, parte de razón tienen.
Para este disco dije: “Quiero que hable de esas experiencias, pero también de mí, de la desorientación que experimenté en ese momento”. Porque el amor te lleva a esos lugares, a emociones fuertes. Luana, mi persona, es muy reservada en cuanto a lo emocional. Entonces Xuana va y escupe todo lo que Luana a veces reprime. Todo lo que siente no tiene filtro, ninguno. Solo lo expresa.
No va con la misión de exponer a la otra persona, sino de decir: “Esto es lo que estoy viviendo, esto es lo que me está pasando. ¿Alguien más se sintió así?”. Y creo que eso es necesario, porque vivimos en sociedades alérgicas a la tristeza y a los estados que se reprimen. De repente es necesario escuchar que alguien más está sufriendo una pena de amor. Creo que es parte de acompañarnos y de la labor artística, porque es algo que eventualmente te va a pasar.
