Producir en Loop

Cecilia González, estudiante de Collegium, DJ y productora musical

Cecilia Gonzalez . DJ . Productora . Estudiante de Collegium

Hay un momento, cuando estoy produciendo música, en el que todo parece abrirse con un loop, un bombo o una textura que empieza a crecer. Podría ir para cualquier lado, pero no va para cualquier lado. Hay algo que lo encamina incluso antes de que yo lo decida del todo, como si existiera un mapa invisible de por dónde “debería” avanzar ese sonido. ¿Cuánto de lo que considero una decisión propia ya estaba de alguna forma aprendido de antemano? Esta sensación pone en tensión una idea bastante instalada, la de la creación como expresión puramente individual. En la práctica, producir no es empezar desde cero, sino trabajar con materiales ya cargados de sentido; presets, estructuras, referencias y formas de escuchar que se aprenden en determinados contextos. Cuando abro Ableton y empiezo un track, ¿estoy creando algo nuevo o reorganizando elementos que ya circulan dentro de una cultura musical puntual?

En la escena electrónica no todas las estéticas ocupan el mismo lugar. Algunos sonidos son percibidos como más “serios” o “artísticos”, mientras que otros quedan asociados a lo comercial o superficial. 

Como dice Bourdieu, “el gusto es el producto de los condicionamientos asociados a una clase particular de condiciones de existencia”. Entonces ¿por qué ciertos sonidos parecen tener más legitimidad que otros? ¿Quién define qué música merece ser escuchada como arte y cuál queda reducida a entretenimiento?

Producir música implica moverse dentro de un sistema de valoraciones donde algunas prácticas son legitimadas y otras relegadas. Me surge la duda de si ciertas formas contemporáneas de entender el arte no terminan funcionando también como mecanismos de diferenciación y consumo, donde incluso la idea de originalidad puede convertirse en un valor de mercado. En ese sentido, me resulta difícil no percibir que muchas veces estas dinámicas favorecen a quienes ya cuentan con mayores recursos, contactos o posibilidades de circulación. Sin embargo, sigo pensando que gran parte de la necesidad de producir nace de otro lugar; del impulso creativo, del deseo de experimentar, de entrar en un estado de búsqueda y sensibilidad que no siempre puede reducirse a una lógica de éxito. Aunque al mismo tiempo aparece una contradicción inevitable; ¿quién no quisiera tener resuelta la dimensión económica de lo que ama hacer?

 

Entre la originalidad y la pertenencia: la música como labor colectiva

Si pienso en la música que escucho y que también influye en lo que produzco, aparecen artistas como Vanyfox, Yaeji o NatureBoy, cuyas propuestas combinan distintos lenguajes pero siguen dialogando con marcos reconocibles. En Vanyfox hay una fuerte presencia de lo percusivo y ritmos vinculados al afrobeat; en Yaeji aparecen cruces entre house, ambient y pop; y en NatureBoy, una mezcla entre hip hop y climas más experimentales. Incluso productores como Flying Lotus o Mndsgn, que trabajan desde una lógica más ecléctica, siguen dialogando con géneros y tradiciones musicales. ¿Es posible realmente salir de esas categorías o toda innovación termina siendo absorbida por nuevas etiquetas?

Sin embargo, estas valoraciones no operan en abstracto. Becker propone comprender el arte como el resultado de una actividad colectiva organizada en lo que denomina “mundos del arte” y señala que “los productos culturales son fruto de la labor colectiva”. Desde esta perspectiva, una producción musical no depende únicamente de quien la crea, sino de una red de cooperación que incluye herramientas, circuitos de circulación, públicos e instituciones. Becker también señala que “la cooperación y las convenciones hacen el producto cultural más efectivo y menos costoso”. En la música electrónica esto puede verse en estructuras, tempos, formas de mezclar o herramientas compartidas que permiten que las producciones circulen y sean comprendidas dentro de una escena. 

Muchos aprendizajes ocurren también en el “hacer”: escuchando sets, produciendo, compartiendo proyectos o probando sonidos con otros. ¿Cuántas de las cosas que consideramos “mi estilo” nacieron en realidad del contacto con otras escuchas y otras formas de habitar la música?

A esto se suma lo que Becker denomina “inercia”, es decir, la tendencia a reproducir formas ya establecidas porque “modificarlas implica costos materiales, sociales y simbólicos”. Quizás por eso muchas producciones contemporáneas parecen moverse constantemente entre la búsqueda de originalidad y la necesidad de pertenecer, pero ¿qué espacios permiten que ciertas sensibilidades existan y otras no? quizás producir música hoy sea valorar y reconocer que las decisiones que tomamos no son realmente propias, sino ecos de un sistema que ya estaba sonando antes de que empezáramos a crear. En lo personal siento que ya todo esta creado, pero aun sabiendo esto podemos y debemos continuar produciendo arte en lo amplio de la palabra, porque el fin no es ser “disruptivo” o ser “exitoso”, ni hacerse viral en redes, sino conectar con la creatividad que tanto necesitamos para sentirnos vivos más allá del propósito de crear arte que fusione distintos estilos.

Este ensayo forma parte de un conjunto de textos producidos por estudiantes en el marco del seminario Arte, Cultura y Sociedad del Profesorado de Collegium.

 

Referencias bibliográficas

Becker, H. S. (2009). El poder de la inercia. Material de cátedra.

Bourdieu, P. (2010). El sentido social del gusto. Siglo XXI Editores.

Ellison, S. [Flying Lotus]. (2021). Yasuke [Álbum]. Warp Records.

Mndsgn. (2016). Body Wash [Álbum]. Stones Throw Records.

NatureBoy Flako. (2015). Eclosure (Extended) [Álbum]. Natureboy; Five Easy Pieces.

Vanyfox. (2018). CrazyBoy, Vol. 1 [Álbum].

Yaeji. (2020). WHAT WE DREW 우리가 그려왔던 [Álbum]. XL Recordings.