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| En este espacio queremos compartir algunas consideraciones generales sobre las premisas pedagógicas que orientan la educación musical que se imparte en los niveles inicial, primario y medio de Collegium. El profesor Ravina es coordinador musical del área escuela. CONSIDERACIONES GENERALES Es importante distinguir entre el acto musical que entretiene o gratifica únicamente a quien lo protagoniza y la maravillosa experiencia que significa una interpretación musical completa. Esta última también debe incluir la gratificación para el intérprete, pero sin duda alguna debe estar signada por el compromiso que éste debe tener con su auditorio. Hay una ética del escenario que lleva al intérprete maduro a brindar a su público un valor agregado que tiene un costo. Porque para llegar a la versión final, invierte tiempo y esfuerzo en perfeccionar sus técnicas, en profundizar el análisis de la partitura que va a compartir, y en arriesgar una puesta expresiva fundada en decisiones estéticas sustentables. Se aprende música haciendo música. Es interesante que en español no tengamos un verbo específico para ello como por ejemplo, "musicar". Escuchar música, pensar sobre la música, escribir música o sobre la música, analizar música, recordar música, o moverse al son de la música, no es musicar. Creemos que no se puede enseñar-aprender música sin musicar. Por ello es muy importante precisar qué tipo de competencias y operaciones convendría que estén implícitas en el acto de musicar. Un edificio sin tanques de reserva de agua no deja de ser un edificio por ello, pero su prestación será menos eficaz que si los tuviera. Si deseamos contribuir a la formación de intérpretes en el sentido expuesto precedentemente, el acto de musicar será insuficiente si no está nutrido por operaciones de aprendizaje que no siempre se realizan con el instrumento o cantando, también hay que pensar, oír discriminativamente, analizar, escribir, leer..., en otras palabras, todas la operaciones que concurren al desarrollo armónico de un músico completo. En síntesis, se aprende musicando. Y para musicar bien, hay muchas cosas que aprender conjuntamente: apertura sensible desarrollo del oído relativo interno dominio aceptable de la lectoescritura integración de las técnicas específicas de su instrumento o voz compromiso con la práctica libertad para ensayar sus propias creaciones e improvisaciones disciplina del análisis de las obras que presentará en público desarrollo del juicio estético mediante el ejercicio de la crítica musical disponibilidad tanto para asumir el liderazgo como de aceptarlo de otros en beneficio de una acción mancomunada racionalmente organizada Expectativas de logros La práctica musical brinda crecimiento a las personas en varias dimensiones, desde el auto-conocimiento hasta la solvencia vincular, desde el desarrollo estético hasta el compromiso social, desde el refinamiento sensorio-motor hasta la higiene corporal o desde amplitud cultural hasta creatividad. En primer término, se espera que el alumno experimente tales crecimientos, que tenga conciencia de su significado y que encuentre sentido al tiempo y el compromiso invertidos para ello. Estos crecimientos están asociados al dominio de las competencias mencionadas en el apartado anterior y concurren en la formación del intérprete responsable. Se trata de la apertura sensible, del desarrollo del oído relativo interno, de un dominio aceptable de la lectoescritura, de la integración de las técnicas específicas de su instrumento o voz, del compromiso con la práctica, de la libertad para ensayar sus propias creaciones e improvisaciones, de aplicar la disciplina del análisis a las obras que presentará en público, de aguzar el juicio estético mediante el ejercicio de la crítica musical y de ser capaz, tanto de asumir el liderazgo como de aceptarlo de otros, en ambos casos, en beneficio de una acción mancomunada racionalmente organizada. Pero todo ello al servicio del arte de expresar bellamente lo que la música puede decir a través de cada intérprete que acepta tal desafío. En todos los casos, es la disposición para aceptar los costos de un aprendizaje verdadero, el mejor saldo que Collegium espera comprobar en el haber de sus alumnos. Una lectura de las secciones 3. Orientaciones y 9. Lineamientos mínimos de acreditación, brindará una sintética pero precisa imagen del perfil de logro que pretendemos..., en síntesis, que nuestros alumnos puedan: cantar, tocar y dirigir lo que leen, analizar lo que oyen, inventan, cantan, tocan o leen, escribir lo que oyen o inventan, y comunicar expresivamente una obra propia o ajena. ORIENTACIONES PEDAGOGICAS Es premisa para este tipo de aprendizajes, el comprender qué significa "valor agregado". En el momento de brindarse al público que fue convocado, el intérprete debe dar algo de sí, más allá del placer de tocar o cantar. La versión que llegue a la audiencia, deberá ofrecer bastante más que una lectura correcta de los sonidos pautados y mucho más que el reflejo de las emociones que mueven al intérprete. El valor agregado estará en la impronta que la versión logre comunicar acerca de aquello que el intérprete tuvo que abandonar de sí para dar paso al mensaje del compositor y, paradójicamente, expresarlo tan comprometidamente como su integridad se lo permita. En la manifestación de esa renuncia y de ese compromiso, radica la intensa comunicación que un intérprete cabal establece con una audiencia igualmente comprometida. Es el costo de no aceptar el lugar común y de aportar a nuestra sociedad una clásica alternativa a la mediocridad: el profesionalismo de un artista completo. Los docentes deben decidirse a enseñar entonces, que aprender tiene el costo de abandonar algo tal como se lo conoce para poder integrar algo que antes no estaba allí. A veces esto es doloroso, la mayoría de las veces demanda mucho esfuerzo, y en general, produce resistencias de todo tipo. Es cierto que los aprendizajes no tienen por qué ser áridos, ni faltos de fantasía, o privados del espíritu que singulariza al juego como una instancia de aprendizaje por excelencia. Pero sería absurdo insistir en la deconstrucción de un valor que ha sido un motor civilizador por excelencia: crecer es costoso y a nadie se lo ayuda a crecer evitándole esa inversión. En la confrontación con uno mismo está la quintaesencia de la libertad para crecer y nadie puede hacerlo por otro. El docente debe acompañar al alumno en su batalla personal por crecer en lugar de confundirlo negando la existencia de los obstáculos que deberá conquistar. Ir de la experiencia a la conceptualización parece ser la consigna del momento. Es obvio que debe ser así. Lo que no parece tan obvio es que sistemáticamente hay que volver de la conceptualización a una nueva experiencia acerca del mismo objeto. Es este ir y volver, tantas veces como la profundidad deseada lo demande, lo que constituye el quehacer de un artista que pule su versión. Es hora de asumir la decisión de abandonar la ingenuidad de creer que tener experiencias garantiza crecimiento. No es cierto enteramente. En una escuela, espacio de crecimiento sistemático, esto no es suficiente, más aún, es contradictorio con la razón de ser de una escuela. El ejercicio del aprendizaje sistemático demanda aplicar a las experiencias todas las dimensiones del ser para que realmente el sujeto tenga libertad de elegir. Y es la elaboración racional y el discernimiento espiritual los que aportan visión, significado y sentido a la experiencia. Emociones y sensaciones necesitan encuadre y dominio propio si en lugar de personas que se autogratifican haciendo música, buscamos facilitar el desarrollo de artistas, de intérpretes. En este contexto, es de esperar que la energía para estudiar y asumir responsabilidades esté disponible en el corazón de alumnos que realmente comprueban que están creciendo como intérpretes. No obstante, tratándose de personas en formación, es necesario que el docente no admita trabajar en el desorden. Olvidarse el instrumento, o las partituras, o los apuntes, asistir a un ensayo sin asearse apropiadamente, no estudiar, no practicar lo asignado, no saber esperar en silencio mientras otros tocan o cantan, no querer escuchar y conformarse con oír, o ser impuntual, son algunas de las manifestaciones de desorden interno con las que un docente debe confrontar a su alumno. Esas serán sus batallas y únicamente a partir de la aceptación de esos costos, habrá quien aprenda y quién enseñe. Pues no se estimula la independencia pasando por alto la falta de compromiso, ni se forman personas competentes llevando sus cargas para eludir un vínculo problemático. Por último, en el contexto de pauperización generalizada que nos toca vivir, todavía hay un valor que no depende de nadie más que de nosotros mismos, la laboriosidad. Ser laborioso es una decisión privada. El éxito genuino siempre está asociado a un trayecto laborioso y la laboriosidad siempre deja saldo positivo. Debemos enseñarla, primordialmente con nuestro ejemplo. |
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