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| El artículo que publicamos a continuación es un extracto de la investigación realizada por Paola Aguiló para Introducción a la Investigación III, materia del Profesorado de Educación Musical de Collegium. Aquí reproducimos una selección hecha por su autora para esta publicación electrónica. En las primeras líneas el lector se encontrará con una introducción que interroga el poder cuativante del género, luego podrá interiorizarse sobre sus orígenes y los países de mayor tradición bolerística; también se encontrará con las biografías de autores e intérpretes más representativos y una antología de letras de las canciones más célebres del género. INTRODUCCIÓN ¿Por qué el bolero es capaz de cautivar a personas de tan disímiles edades? ¿Por qué escritores e intelectuales se han interesado en él? ¿Cómo ha podido conquistar a intérpretes tan diferentes como Tito Rodríguez, Los Beatles o Frank Sinatra? ¿Qué hace que se le considere patria musical común de más de veinte países? ¿Cómo pudo, esta música de origen marginal, adaptarse a las grandes orquestas internacionales? Éstos y muchísimos interrogantes más, surgen cuando se toca el tema del bolero. Una historia que comienza en Cuba y salta a México, plagada de personajes sobresalientes y canciones inolvidables. Desde 1883, año en que se compuso el primer bolero, hasta la fecha, transcurrieron más de 110 años de música romántica. Primero lo cantaron y bailaron nuestros abuelos, luego lo escucharon nuestros padres, y hoy lo gozamos algunos de nosotros: nuevos eslabones de esta cadena de amor y desamor, felicidad y dolor que refleja el bolero. Aunque la trayectoria del género no ha sido continua, pasando por épocas doradas y por épocas negras, es innegable que por distintos medios, al menos tres generaciones han sabido de su existencia. Los recuerdos de unos y las vivencias de otros se conjugan dando forma a la historia del bolero, la historia de un amor. No es posible contar esta historia sin ubicarla en los países que el bolero conquista, sin detenerse en la vida de los compositores e intérpretes que pusieron su talento al servicio de este género y sin mencionar a los grupos, tríos, conjuntos y orquestas que resaltaron la grandeza del mismo. El presente trabajo se basa, además, en la concepción de que para reconstruir la historia de un género no basta con recoger simples cifras y datos de la bibliografía y discografía en circulación, sino que es necesario recurrir a los testimonios del saber popular, de los recuerdos y experiencias que sus oyentes han reunido a lo largo de su vida. Es así como esta investigación está dividida en capítulos, cada uno de los cuales trata de abarcar distintos aspectos de la totalidad del tema estudiado. En la primera parte se consignan unas series de entrevistas realizadas a personas de distintas edades y condición social, en las que se indaga en los recuerdos y opiniones referidas al bolero. La selección de los entrevistados se ha hecho con el criterio deliberado de obtener una muestra lo más heterogénea posible. No se pretendió en ningún momento, y hasta se evitó, obtener la ponencia de un experto en el tema, sino que se buscó rescatar las vivencias de la gente común. El objetivo, sin embargo, no fue el de refutar bibliográficamente los datos expuestos por los entrevistados, ni confrontarlos con la verdad histórica. Tan sólo se procuró ilustrar de manera fresca y espontánea, la información vertida en los demás capítulos. Asimismo, las entrevistas se convirtieron en una herramienta para guiar la investigación, en el sentido de que sirvieron de sondeo para reconocer los puntos más importantes y salientes dentro de la extensa historia del bolero. De este modo se satisfizo la curiosidad inicial y generadora de este trabajo, que partía de un interrogante principal: ¿Qué puntos en común y qué grado de profundidad podían llegar a tener las experiencias y conocimientos sobre el mismo tema, que poseían personas de distintas extracciones sociales y etarias? Es en el segundo capítulo donde comienza la investigación propiamente dicha. En él se ha otorgado un marco referencial a todas las opiniones recogidas, resumiendo en pocas páginas la trayectoria que ha seguido el género desde su nacimiento (y aún antes), hasta nuestros días. Además de haber respetado cierta correlación cronológica de los hechos y personajes notables, se ha formulado una distinción geográfica, procurando un análisis diacrónico y sincrónico. Esta elección obedeció, en cierto modo, al convencimiento de que la música de bolero tomó distintas direcciones y variantes dentro de cada país, adquiriendo siempre características propias del lugar que conquistaba. En el tercer capítulo se pasa a la historia de los personajes. A modo de un acercamiento circular que comenzó en el capítulo anterior, en éste, se enfoca la vida de los protagonistas de la historia. Así, se detallan las biografías de los pilares del género: sus más grandes compositores e intérpretes. Por último, casi como un anexo, se incluye en el cuarto capítulo un extenso cancionero. Aunque toda elección es arbitraria, se han tratado de incluir aquí, las obras que, de una manera u otra, han sido claves en el desarrollo del género. Aparecen las letras de boleros clásicos que perduran en la memoria de quienes, más o menos, gustan de la música romántica. Finalmente cabe aclarar que, a lo largo de la investigación, se han incluido una gran cantidad de ilustraciones, con el fin no sólo de hacer más amena la lectura, sino de facilitar la ubicación y reconocimiento de los personajes de los que se habla. Esta selección de materiales fotográficos es producto, quizás, de una de las partes más arduas de este trabajo. Nacimiento A fines del siglo XIX los trovadores de Santiago de Cuba vivieron un gran auge musical. Acompañándose con guitarras organizaban pequeñas peñas en donde mostraban sus canciones. Además era común en aquellos años que los músicos se dieran a conocer tocando en lugares públicos, costumbre que derivaría en las famosas serenatas. Con el paso del tiempo esta misma práctica estaría asociada con los momentos románticos en los que estaría presente la música de bolero. Uno de los miembros de la vieja trova, que según cuenta el musicólogo cubano Helio Orovio, solía recorrer las esquinas de su ciudad natal dando serenatas, sería el responsable del nacimiento del bolero. Su nombre era José "Pepe" Sánchez, y era considerado el rey de la vieja trova. Nació en Santiago de Cuba el 19 de marzo de 1856. Se desempeñó como sastre además de ser un excelente compositor, cantor y guitarrista, aunque carecía de estudios musicales. A él se le atribuye el primer bolero históricamente reconocido, llamado "Tristezas" y compuesto en 1883(*). Este bolero abarcaba dos períodos musicales de dieciséis compases cada uno, separados por un pasaje instrumental a cargo de la guitarra. Pepe Sánchez además fue un maestro de trovadores y entre sus discípulos se pueden mencionar a Sindo Garay, Rosendo Ruiz, Manuel Corona, Emiliano Blez y Alberto Villalón, entre otros. Fue este último quien heredó el ritmo creado por su maestro y lo popularizó. A principios de siglo abandonó Santiago de Cuba para dirigirse a La Habana. En la capital presentó en 1906 el primer espectáculo musical que tenía como protagonista al nuevo género. El mismo se llamó "El triunfo del bolero" y su título resultó profético. Entre otras obras compuestas por Villalón a lo largo de su carrera, se destaca el bolero "Boda negra", uno de los primeros en difundirse. Con el paso de los años Cuba hizo sentir su influencia en otros países limítrofes no sólo con el bolero sino también con el danzón, el son, la guaracha, el mambo y el cha-cha-chá, entre otros. Los países que se veían bañados por el mar Caribe asumieron pronto como propio el producto que Cuba les exportaba entre las décadas del '20 y del '30. Quienes ocuparon el papel de embajadoras para trasladar la música cubana a distintos países caribeños fueron las compañías de circos y variedades. Éstas siempre incorporaban en sus funciones intermedios musicales en los que boleros, guarachas y sones saltaban a la pista. También los avances tecnológicos tuvieron mucho que ver en la expansión del bolero. La radiofonía y la discografía, junto a los ya nombrados circos y teatros de variedades, iban a llevar al bolero más allá de las fronteras cubanas. A partir de la aparición de la radio, la música perdió sus límites. Hasta eso momento era impensable que las canciones existieran sin la presencia física de los ejecutantes. (Cantantes, orquestas, solistas, instrumentistas). Con este nuevo invento, la música anuló definitivamente las distancias entre músicos y público. Lo que alguien decía, cantaba o tocaba en cualquier punto de la tierra, podía ser escuchado al mismo tiempo por miles de personas de otro lugar. Luego de la primera trasmisión de voz humana y música, realizada en Massachussets, Estados Unidos en el año 1906, la radiofonía ya estaba en marcha. En cuanto el bolero alcanzó este nuevo medio de divulgación, quedó muy claro que no sólo sería música folklórica cubana. Con los años tendría sede en importantísimas emisoras tales como RCH-Cadena Azul de Cuba, XEW de México, Radio Nacional y Radio Barcelona de España, Radio Corporación de Chile, Radio El Mundo y Radio Belgrano de Argentina, La Voz de Barranquilla y La Voz de Bogotá en Colombia. Bastaron pocas décadas de esta revolución tecnológica para que el bolero se extendiera a toda Latinoamérica. En Cuba En 1925 apareció en Cuba un trío memorable integrado por Miguel Matamoros, Ciro Rodríguez y Rafael Cueto. Era el trío "Matamoros". Miguel Matamoros fue su fundador en 1925. Él era un músico intuitivo que había nacido en Santiago de Cuba en 1894. Tenía una voz y un estilo guitarrístico muy particular. Prontamente, las influencias musicales de los tres músicos se amalgamaron, y el trío comenzó, al igual que otros, a mezclar en sus presentaciones el son y el bolero. Pero fue Miguel Matamoros quien ensayó reunir en un solo ritmo, son y bolero, creando así un subgénero dentro del bolero llamado bolero-son. Canciones famosas compuestas por Miguel Matamoros son "Reclamo místico", "Juramento" y "Lágrimas negras" entre otras. Por las décadas del '20 y el '30 se vieron nacer en Cuba bandas más compactas, de cuatro a seis integrantes. Entre ellas estaba la "Lecuona Cuban Boys". Esta agrupación fue fundada por el más destacado pianista y compositor de Cuba, Ernesto Lecuona, y obtuvo éxito no sólo en Cuba, sino también en el Caribe, Europa, Norteamérica y hasta llegó a realizar presentaciones en El Cairo. La importancia de Lecuona en la música cubana, residió en su capacidad para combinar los elementos de la tradición musical clásica, con elementos musicales nativos de su pueblo. Por este motivo fue uno de los compositores que elevaron la calidad artística de la música de bolero, situándola en un lugar de mayor prestigio. Junto a Lecuona, y de una trayectoria similar, se encuentra el músico Gonzalo Roig. Entre ambos fundaron en 1922 la Orquesta Sinfónica de La Habana, de la cual Roig fue director. Desde allí difundió por primera vez las obras de los más reconocidos músicos cubanos. Roig fue importante también en la historia del bolero, contribuyendo con varias creaciones exitosas. Su bolero más destacado fue "Quiéreme mucho", que fue interpretado por una larga lista de músicos. En México La influencia musical cubana se hizo sentir en México, principalmente en la península de Yucatán. En esta región fue en la que se instalaron con más fuerza, en un principio, los ritmos nativos de Cuba. Guty Cárdenas es considerado el primer gran intérprete y compositor de bolero, en un país que ha dado, sin lugar a dudas, grandes figuras en la historia de este género. Su nombre verdadero era Augusto Alberto Cárdenas Pinelo y nació el 2 de diciembre de 1905 en Mérida, México. Fue en uno de los carnavales de esa ciudad en que Guty conoció a Tata Nacho, quien lo convenció de trasladarse a Ciudad de México. Ya allí, en 1927, ambos se inscribieron en un concurso de canciones que se realizaba en el Teatro Lírico de la ciudad. Guty ganó el tercer premio, superando a su protector, con el tema "Nunca". Pese a no haber obtenido el primer puesto, esta canción se convirtió en un éxito popular. Quedó registrada en la historia como el primer bolero mexicano famoso, aunque no fuera exactamente un bolero. Sin embargo el musicólogo mexicano Juan S. Garrido afirma que "Presentimiento" compuesto en ese país por Cárdenas(*), fue el primer bolero escrito en México. En su corta carrera artística Cárdenas legó al repertorio mexicano además de "Nunca", otros boleros tales como "Flor", "Ojos tristes", "Yo quiero ser", "Peregrino de amor", "Para olvidarte" y "Pasión", entre otros. El compositor murió a los 26 años en una confusa riña de bar. Contemporáneo a Guty Cárdenas surgió quien se convertiría en el personaje número uno de la historia del bolero. Estamos hablando del magnífico compositor Agustín Lara. En 1929 compuso su primer bolero, llamado "Imposible", y a partir de allí su producción musical engrandecería el repertorio bolerístico mundial. Títulos como "Solamente una vez", "Noche de ronda" o "Piensa en mí", perduran en la memoria de todos los amantes de este género. En su extensísima trayectoria, Lara se sirvió de la radio y del cine para fortalecer su popularidad, ya cimentada por su propia calidad artística. Es en esta década del '30 en la que gracias al aporte de Cárdenas y Lara, el bolero se consolida en México. Aparte de ellos también hizo su aparición María Grever, una gran creadora que, con éxitos como "Alma mía", "Júrame" o "Cuando vuelva a tu lado", posicionó muy alto el bolero en ese país. De todos el desarrollo del bolero en México no se debió sólo al empuje brindado por sus grandes creadores, sino también porque fue allí donde surgieron sus más destacados intérpretes. Las creaciones de Lara, por ejemplo, se valieron de las interpretaciones de excelentes cantantes que cumplieron una importante tarea en la difusión de la música de bolero. La cantante veracruzana Toña La Negra, descubierta por Agustín Lara en 1932, se convirtió en una de sus más reconocidas intérpretes. Junto al gran creador formaron una dupla exitosa y memorable. Toña fue la cantante preferida de Lara, quien llegó a componerle en exclusivo varias canciones tales como la famosa "Lamento jarocho". La aparición de los discos y la radiofonía impuso la necesidad de encontrar voces bellas y nítidas. Así fue como intérpretes educados en la tradición lírica, se inclinaron por el nuevo género. Uno de los pioneros fue José Mojica, quien empezó a prestar su voz al bolero desde una pequeña emisora de radio. Pero él no iba a ser el único. Por la misma época surgieron Pedro Vargas, Alfonso Ortiz Tirado, Tito Guízar y Juan Arvizu, que eran, también, barítonos ligeros o tenores. Arvizu, por ejemplo, era llamado "El tenor de seda" y Vargas, "El tenor de América". Este último sería también otro de los más destacados intérpretes de las composiciones de Agustín Lara. Por su parte, mujeres como Rita Montaner, Margarita Cueto, Dara Luz y Chelo Flores, se agregaron a la leyenda de esta música como contraltos y mezzosopranos. Con este tipo de intérpretes el bolero se encumbró notablemente, aunque dejó el carácter bailable que se le había impreso en Cuba, para convertirse en un bolero más orientado hacia la audición. Sin embargo cuando Pedro Vargas grabó "Vereda tropical" de Gonzalo Curiel y "Nocturnal" de José Mojica y J. Sabre Morroquín, con el agregado de instrumentos como claves, bongó y maracas; el bolero se volvió definitivamente bailable. Hasta ese momento el baile solamente había tenido preeminencia en Cuba, de la mano de orquestas como la "Sonora Matancera" o "Lecuona Cuban Boys". A partir de este aporte de Vargas, la danza del bolero se consagraría también en México. Ya a mediados del siglo XX, México comienza a vivir la época de mayor furor del bolero. Florece así una larga lista de compositores, intérpretes y canciones. Es por estos años en que apareció la que se convertiría en la sucesora de María Grever: Consuelo Velázquez. Un solo bolero, compuesto en su juventud, le alcanzó para situarse en la estima del público y provocar el interés de innumerables intérpretes. Cuenta la historia que cuando la compositora escribió a los 16 años "Bésame mucho", nunca imaginó que sería ese uno de los boleros más grabados y traducidos del género. Cabe mencionar que la tradición folklórica mexicana, de la que forman parte los corridos, rancheras y guapangos, también se unió al auge del bolero, con el que compartió varios intérpretes. Entre ellos están Jorge Negrete, Pedro Infante, Cuco Sánchez, Miguel Aceves Mejía y José Alfredo Jiménez. Aunque ninguno de ellos se dedicó con exclusividad al bolero, realizaron un notable aporte al género, al fusionar la música ranchera o de mariachis con la bolerística. Así nació un estilo nuevo de bolero conocido como bolero-ranchero. Pedro Infante fue el precursor de este estilo al grabar el tema de Manuel Esperón, "Amorcito corazón". Prontamente varios intérpretes de música mariachi adhirieron a esta nueva modalidad impuesta por Infante. De este modo el bolero-ranchero logró un giro espectacular en la evolución del bolero mexicano, similar al ocurrido en Cuba con la aparición del movimiento de bolero-feeling. A mediados de la década del '50, un centenar de boleros habían logrado popularidad, y el número seguía en aumento. Muchos compositores alimentaban con sus temas la creciente demanda que imponían los intérpretes. Fue por esos años en que llegó a México el productor de cine William Rowland que buscaba un pianista para musicalizar su última película. Fue así como comenzaría el éxito de un nuevo compositor mexicano: Alberto Domínguez. Luego de que Rowland escuchara la composición "Perfidia", no dudó en contratarlo. Dos días más tarde Domínguez compuso también otro tema llamado "Frenesí". Estos dos boleros le bastarían al mexicano para situarse en un lugar de privilegio dentro de la historia del bolero. "Perfidia" alcanzó una aceptación masiva, convirtiéndose en prácticamente un himno del género. Ha sido interpretado por una gran variedad de cantantes, sin interrupción a lo largo de los años. Alberto Domínguez compuso asimismo otras canciones como "Mala noche", "Humanidad", "Eternamente" y "Un momento", entre otras. Otro compositor que saltó a la fama por aquellos años fue Gabriel Ruiz Monis, nacido en 1912 en Guadalajara. Aunque compuso muchos temas musicales para el cine, el bolero le sirvió para consagrarse definitivamente y figurar entre los maestros del género. "Usted", uno de sus boleros, obtuvo un éxito sin par, y al igual que "Perfidia", se ha mantenido vigente con el correr de los años. Gabriel Ruiz compuso otros boleros de igual calidad, pero que se vieron opacados por la popularidad del anteriormente mencionado. Sin embargo, el trío mexicano "Los Tres Diamantes" difundió mucha de la música bolerística de Ruiz, obteniendo gran reconocimiento. Entre las canciones grabadas por el trío figuran: "Usted", "Condición", "Tatuaje", "Se fue", "Soberbia", "Despierta" y el gran éxito "Mi corazón abrió la puerta". En esta misma generación aparecen dos compositores brillantes, que formaron parte imprescindible de la historia del bolero. Ellos son Álvaro Carrillo y Roberto Cantoral. El primero de los mismos nació en Oaxaca en 1921. Contando ya con 36 años, obtendría su primer éxito llamado "Amor mío". Fue el chileno Lucho Gatica quien lo grabó convirtiéndolo en un suceso continental. A partir de allí y tras varias composiciones, llegaría en 1959 uno de los boleros que más fama le ha otorgado: "Sabor a mí". Tal fue el éxito de este bolero que fue el tema más interpretado por Olga Guillot y llegó, incluso, a ser interpretado por un cantante japonés llamado Yoshiro Hiroishi. Otro bolero de Carrillo que dio la vuelta al mundo fue "La mentira", también conocido como "Se te olvida" o "Cicatrices". Este bolero fue cantado entre otros por Olga Guillot, Javier Solís, Gigliola Cinquetti y el Trío Los Panchos, entre otros. El otro compositor es Roberto Cantoral, nacido en Tampico en 1930. Él es autor de los famosísimos boleros "El reloj" y "La barca", convertidos en clásicos por Lucho Gatica. Cantoral también compuso entre otros "Regálame esta noche", "Demasiado tarde" y "Soy lo prohibido" que han sido cantados por voces de distintas nacionalidades. La cubana Olga Guillot, por ejemplo, logró una gran versión de "Demasiado tarde", la argentina María Martha Serra Lima grabó "Soy lo prohibido", el venezolano Felipe Pirela cantó "Locura, locura" y el mexicano José José se hizo famoso con "El triste". Cantoral asimismo fue el fundador en 1952 de un trío de gran trascendencia, llamado "Los Tres Caballeros". Continuando con la enumeración de compositores que han enriquecido la historia del bolero, aparece el nombre de Luis Demetrio, nacido en Mérida en 1931. Él aportó obras como "La puerta", éxito de Los Tres Ases, que años más tarde recuperaría el ídolo mexicano de los '90: Luis Miguel. Otros temas importantes en la trayectoria de Demetrio son "En tu pelo" y "El día". El glorioso intérprete mexicano Javier Solís le grabó "Si Dios me quita la vida" y la cantante Olga Guillot cantó "Voy" y "Copa de vino". Otro compositor de boleros memorables fue Vicente Garrido, nacido en 1924 en la Ciudad de México. Él es el famoso creador de "No me platiques más", otra de las canciones que consagró Lucho Gatica. Vicente Garrido es autor de otros éxitos como "Te me olvidas", que canta Olga Guillot y "Todo y nada" que se hizo famosa en las voces del grupo "Los Tres Ases". Por esta misma época eran comunes en México las formaciones de trío. Sin lugar a dudas el más popular de los trío de bolero que existieron en todos los tiempos fue el Trío Los Panchos. Este grupo había nacido en 1944 y con el correr de los años pasaría a la inmortalidad, ya que marcó un estilo muy particular a la hora de interpretar boleros. Sus integrantes fueron además de excelentes intérpretes, destacados compositores. En la época de auge del bolero y aun en años posteriores, fueron embajadores de este género en el mudo entero. No sólo llevaron la música de bolero a toda Latinoamérica sino también a los otros continentes. El trío fue variando su formación a lo largo de los años, manteniéndose estables en el tiempo, sus fundadores: Chucho Navarro y Alfredo Gil. Las primeras voces del trío, sin embargo, fueron rotándose por distintos motivos. Entre los éxitos más sobresalientes de Los Panchos caben destacar: "Sin ti", "No me quieras tanto", "Perdida", "Nuestro amor", "Flor de Azalea", "Contigo", "Un siglo de ausencia" y "No, no y no", entre otros. Después de la gran época de Oro del bolero mexicano, comenzó un período de decadencia para este género. El bolero caería en un abismo por la llegada de otros ritmos nuevos, como el pop con Los Beatles y el rock con los Rolling Stones. Fue necesaria la aparición de un pequeño gran héroe, que hasta el momento se había mantenido como pianista de otros boleristas, para que el bolero recuperara el terreno perdido. En 1967, Armando Manzanero alcanzó un triunfo majestuoso al grabar su primer álbum como solista. En él aparecían boleros como "Esta tarde vi llover", "Adoro", "No", "Voy a apagar la luz", entre una larga lista inolvidable. Sin embargo, pese a que realizó una carrera llena de éxitos, Manzanero no pudo evitar que el bolero entrara en un largo período de latencia, que duró alrededor de 20 años. Por fortuna fue él quien nuevamente protagonizó el resurgimiento del género en 1991, cuando Luis Miguel grabó su primer Romance. Manzanero no sólo participó en la elección del repertorio, por demás adecuado, sino que también realizó los arreglos de las canciones. En la voz del joven intérprete mexicano, los boleros clásicos volvieron a estar en boca de todos. Puerto Rico Después de Cuba y México, Puerto Rico fue otro de los países que mostró su excelente abanico de compositores, intérpretes, tríos y orquestas. En el viejo San Juan existían durante la década del '30 algunos salones de baile, cuyas orquestas habían incorporado a su repertorio la novedad musical del bolero bailable. Al parecer fue Rafael Hernández, un puertorriqueño que había vivido en Cuba, quien desembarcó en su país con la noticia del nuevo género. Rafael no perdió el tiempo y formó su orquesta con la que acompañó a muchos cantantes que luego se lanzarían como solistas. También fue el fundador del trío "Borinquen", con el que viajó con frecuencia a México. Hernández es uno de los mejores compositores que posee Puerto Rico. Sus canciones más conocidas son "Capullito de alelí", "Lamento borincano" y "Perfume de gardenia". Esta última fue una de las canciones que integró el repertorio del trío Los Panchos, y junto a ellos, y otros cantantes, ha cruzado varias fronteras. Junto a Rafael Hernández se encuentra el compositor Pedro Flores, quien ocupó un lugar de igual importancia en la historia del bolero. Este compositor alimentó con sus canciones el repertorio de grandes intérpretes del bolero. Ya en las primeras décadas del siglo, Pedro formó un conjunto del que saldrían dos figuras muy destacadas: Charly Figueroa y Daniel Santos. Este último fue el primer gran ídolo musical del bolero exportado de la isla, tras el éxito del bolero "La despedida". Otros triunfos que obtuvo Santos fueron los temas "Perdón", "Irresistible", "Esperanza inútil" y "Amor" que, por supuesto, eran de la autoría de Pedro Flores. El éxito de Daniel se afianzó también a partir de su vinculación, en Cuba, con la Sonora Matancera. En este grupo participó como un sobresaliente vocalista, llenándose de gloria con los boleros "Dos gardenias", "El preso", "Obsesión", "El que canta" y "En el juego de la vida". Luego de Daniel Santos, en Puerto Rico hubo otros intérpretes como José Luis Monero, quien, con solo 16 años, entró en 1934 como cantante a la orquesta de Rafael Muñoz. En aquel momento esta orquesta también era una de las más renombradas junto a las de Pedro Flores y Rafael Hernández. Un intérprete que merece una mención muy especial, dado que fue una de las figuras de mayor reputación dentro de bolero, fue Tito Rodríguez. Él fue quizás el personaje que mayor trascendencia internacional logró, cuando se consagró en los años '60 con "Inolvidable", bolero de Julio Gutiérrez. Más tarde vendrían otros éxitos inmortales como "Lo mismo que a usted", "El día que me quieras", "Llévatela", "Cuando ya no me quieras", "Hojas secas", "No vale la pena", "Que te importa" y "Congoja", entre muchísimos más. Así como el bolero en Cuba derivó en una vertiente llamada bolero-feeling, y en México apareció una conocida como bolero-ranchero, cabe destacar en Puerto Rico a un intérprete que popularizó otro estilo bolerístico: el bolero-moruno. Se trata del cantante boricua Bobby Capó, cuya afinidad con el cante flamenco y la música gitana andaluza, lo llevaron a otorgarle a sus interpretaciones un estilo original. El bolero-moruno se caracterizó así por una interpretación muy expresiva a la que algunos definían como "llori-cantar". Fueron famosos en su voz, temas como "Llora corazón", "Celos locos", "Maldición gitana" y "Marí Dolores". También siguiendo la tradición implantada en México de la formación de tríos, hubo en Puerto Rico otros tríos que tuvieron trascendencia, pero que no perduraron a lo largo del tiempo como lo hicieron Los Panchos. Estos tríos fueron "El Trío San Juan", integrado por Johnny Albino y el trío "Los Tres Reyes". Este último tuvo en sus filas, y como primera voz, a Hernando Avilés, quien había sido uno de los fundadores del trío Los Panchos. Su experiencia sirvió para enriquecer notablemente la música del grupo aunque fue notable que la agrupación siguió el modelo "panchista". Existe en este sentido una controversia en cuanto a la calidad artística de los músicos de ambas agrupaciones. Algunos afirman que aunque "el pancho" Alfredo Gil fue el creador del requinto, Gilberto Puente, de Los Tres Reyes, había llegado a ser el más grande virtuoso de este instrumento. A lo largo de su carrera el grupo no editó tantos álbumes como otros tríos similares, pero en su discografía se destacan boleros como "Preciosa" de Rafael Hernández, "El almanaque" de Julio Rodríguez y "O" de Mario de Jesús, entre otros. También existieron en Puerto Rico otros intérpretes que incorporaron muchos boleros a su repertorio, enriqueciendo con sus versiones la historia del género. Entre ellos cabe destacar a José Feliciano, quién además de ser un excelente guitarrista ha mantenido a lo largo de su carrera un perfil siempre dirigido hacia la música romántica. Por su voz pasaron joyas del bolero tales como "Verdad amarga", "La copa rota", "Camino Verde", "Alma mía", "Somos", "La última noche", "Cenizas", "Obsesión", "La barca", "Contigo en la distancia", Tú me acostumbraste", "Noche de ronda" y "Pecado", entre otras. Sin embargo el primer bolero en alcanzar un éxito mundial no pertenece a ninguno de estos dos maestros de la música cubana. El mismo apareció a principios de la década del '30 y se llamó "Aquellos ojos verdes". Este bolero histórico fue compuesto por el pianista Nilo Menéndez. El músico había nacido en Matanzas pero se radicó en Nueva York, en donde se desempeñó como director de distintas orquestas bailables y trabajó junto al ya citado Ernesto Lecuona. El musicólogo Jaime Rico Salazar cuenta que "Aquellos ojos verdes" pertenecían a la joven cubana Conchita Utrera, hermana del poeta y cantante Alfredo Utrera. Al conocerla, Menéndez quedó flechado y ese mismo día terminó la famosa canción. Utrera le dio una mano con la letra y fue el primero en grabarla, nada menos que con el acompañamiento de Menéndez y Lecuona. Nilo compuso además otros boleros menos famosas pero de igual calidad: "Tenía que suceder", "Otro amor por quien llorar", "No fueron tus ojos" y "Perdóname", entre otros. Él fue uno de los primeros compositores de una generación que consolidó el bolero llevándolo a las pistas de baile. En este proceso de identidad del bolero con la danza influyó principalmente el son. El surgimiento de agrupaciones musicales que incluyeron en su repertorio sones y boleros, ayudó a fijar el carácter bailable de este último. Entre esas agrupaciones, pocas contribuyeron tanto al bolero bailable como la legendaria "Sonora Matancera". Valentín Cané la fundó como sexteto en Matanzas, pero con el correr de los años se fueron sumando varios músicos, llegando a tener alrededor de once integrantes. En 1927 comenzó a actuar en La Habana logrando, rápidamente, fama tanto en la radio como en los salones de baile. En su larga trayectoria pasaron por la agrupación extraordinarios intérpretes como Celia Cruz, Daniel Santos, Leo Marini, Nelson Pinedo, Celio González, Alberto Beltrán, Bienvenido Granda y Carlos Argentino Torres. Estuvieron en su repertorio boleros tales como "Aunque me cueste la vida", "En el juego de la vida", "Angustia", "Historia de un amor", "Desesperación" y "En la palma de la mano". En la década del '40 el bolero cubano vivió su época de esplendor. La amplia divulgación que ofrecieron discos, radio y el apogeo de la vida nocturna en La Habana y otras ciudades, y que se prolongaría hasta los años '50, fueron terreno propicio para el desarrollo del bolero. Una constelación de nombres aportó al repertorio internacional de la canción sentimental caribeña, numerosos títulos clásicos, fijando nuevos caminos para el género. Según el especialista Helio Orovio "en la música de Cuba el año 1940 marca un hito en muchos aspectos relativos a la música. En el ámbito bolerístico entran en escena creadores e intérpretes que caracterizan toda una época. Sus concepciones temáticas, melódicas y armónicas, sientan una línea expresiva que llega a nuestros días". Es preciso destacar el papel trascendental que cumplieron las agrupaciones musicales, como la ya mencionada "Sonora Matancera", en la afirmación del bolero. Aunque no llegaron muchas de ellas a la fama, aportaron de igual modo su cuota a la creciente popularidad del género. De todos modos, aunque buena parte de esta época dorada del bolero se debe al trabajo de estas orquestas y conjuntos, es importante resaltar la labor de un grupo de compositores que dejaron en el repertorio del género un buen número de títulos que se convirtieron en clásicos de esta música. Entre estos creadores ocupa un lugar destacado el autor de varios éxitos inmortales como "Quizás, quizás, quizás" y "Acércate más". Se trata de Osvaldo Farrés, nacido en Quemado de Güines en 1902. Fue publicista profesional hasta los 35 años, momento en el cual un hecho insólito cambió su vida. Para homenajear a sus hijos compuso en 1937 la guaracha "Pedro, Pablo, Chucho, Jacinto y José". El tema se convirtió inesperadamente en un enorme éxito dentro y fuera de Cuba. Este hecho estimuló a Farrés a componer. Así nació su primer bolero llamado "Acércate más" que llegó a participar de una película en Hollywood. Luego seguirían otras grandes composiciones como "Toda una vida", "Acaríciame", "Esta noche o nunca" y "No me vayas a engañar". Esta última canción resultaría exitosa en España en la voz de Antonio Machín y en América, en la interpretación del argentino Leo Marini. Otro compositor importante que surgió en estos años fue Frank Domínguez, autor del bolero "Tú me acostumbraste", que se convertiría en un éxito en la voz del chileno Lucho Gatica. También por la misma época apareció Bobby Collazo quien, aunque compuso varias canciones tales como "Tenías que ser así" y "Vivir de los recuerdos", llegó a ser conocido casi exclusivamente por el bolero "La última noche" que vio la luz en el año 1946 y obtuvo un éxito rotundo en la interpretación de Pedro Vargas. Otros compositores comenzaron en La Habana a reunirse en casas y cafés del centro de la ciudad, siguiendo las viejas costumbres provincianas. Este grupo de músicos impulsó toda una nueva corriente bolerística: el bolero-feeling. El mismo se caracterizó por el hecho de que sus intérpretes más que cantar las letras, las conversaban. Se acompañaban generalmente por guitarras, al estilo de la vieja trova, y la libertad interpretativa era muy amplia. Su música exploraba armonizaciones y modulaciones bastante audaces y se decía que estos compositores e intérpretes mostraban su gusto, entre otros, por el impresionista francés, Claude Debussy. Quienes formaron este grupo fueron Tirso Díaz, un conocido trovador cubano; José Antonio Méndez, compositor del famoso bolero "La gloria eres tú"; César Portillo de la Luz, autor de los célebres "Contigo en la distancia" y "Delirio"; Jorge Mazón, Niño Rivera y Elena Burke. A estos compositores se sumaron, en la misma época, una larga lista de intérpretes. Entre ellos se destacó un vocalista y compositor que se ganó la popularidad a fuerza de tocar en cafés y fiestas. Se trata de Benny Moré, nacido en 1919. Su verdadero nombre era Bartolomé Maximiliano Moré Gutiérrez. Su reconocimiento internacional llegó de la mano del Trío Matamoros, al viajar a México a mediados de la década del '40. En su carrera, Moré hizo extraordinarios aportes al bolero, no sólo como intérprete, sino también como compositor. Son de su autoría "Amor sin fe", "Ahora soy tan feliz", "Dolor y perdón" y "Todo lo perdí", entre otros. Además fueron célebres sus dúos con el tenor Pedro Vargas en los boleros "Obsesión" y "Perdón" del boricua Pedro Flores. Otra de sus interpretaciones destacadas fue la del bolero "Mucho corazón" de la compositora mexicana Emma Elena Valdelamar. Otro intérprete cubano famoso de la década del '40 fue Antonio Machín, nacido en Sagua la Grande, provincia de Santa Clara. Habiendo realizado una dilatada carrera en su país, decidió probar suerte en Europa. Luego de varias giras se estableció definitivamente en España en 1939. Con su particular timbre de voz popularizó allí los boleros "Madrecita", "Mira que eres linda", "Envidia" y "Angelitos negros". La historia cuenta que la primera vez que Antonio Machín supo de la existencia de esta última canción, fue cuando la escuchó en una emisora radial de Barcelona en la voz de Toña La Negra. Quedó tan entusiasmado con este tema que resolvió grabarlo y lo convirtió así, en el mayor éxito de su carrera. Vale la pena recordar que "Angelitos negros" fue compuesta por Manuel Álvarez "Maciste" sobre un poema del escritor venezolano Andrés Eloy Blanco. Es también un nombre importante en la historia del bolero, el de Fernando Albuerne. Éste intérprete inmortalizó boleros tales como "Dos Almas" del cordobés Don Fabián, "Nosotros" de Pedro Junco, "Siempre en mi corazón" y "Quiéreme mucho", ambos del ya citado compositor Gonzalo Roig. Cuba también lanzó a la fama a grandes intérpretes femeninas. La más conocida de ellas tal vez sea Olga Guillot, cuya fama internacional es innegable. Su particular estilo interpretativo fue uno de los más representativos dentro de la corriente del bolero-feeling. Se consagró con el bolero "Miénteme" de Armando Domínguez que sería el primero de una extensa lista de interpretaciones famosas. Otras voces femeninas que cabe destacar son las de Blanca Rosa Gil y Yoli Raimond, más conocida como "La Lupe". BIOGRAFIAS Armando Manzanero Armando Manzanero Canché nació en 1935 en Mérida, península de Yucatán, México. Comenzó a estudiar piano a los ocho años en la Escuela de Bellas Artes de esa ciudad. Viendo su madre las aptitudes que Armando poseía para la música, realizó un trueque con su vecina, ofreciéndole su máquina de coser a cambio de un piano vertical que ésta tenía. De esta forma Armando obtuvo su primer instrumento musical a los quince años de edad. Su padre, un hombre muy rígido, no estaba dispuesto a permitir que su hijo fuera músico. Aquel conflicto y una feroz discusión con su padre, determinaron que Armando dejara su casa y su pueblo. Partió en busca de un futuro mejor, ya con veintiún años, hacia la ciudad de México. Allí comenzó su actividad profesional. Trabajó como pianista en el bar "Candilejas" del Distrito Federal. Solía actuar durante diez horas diarias, incluso sábados y domingos. Fue en ese bar donde conoció a Luis Demetrio, compositor de clásicos como "La puerta" y "Copa de vino", y se hicieron amigos. Como Demetrio no sabía escribir música, Manzanero le ayudaba en esa tarea. Demetrio lo vinculó en los ambientes artísticos y, ya un tiempo más tarde, acompañó con su piano a figuras como Lucho Gatica, al dúo de Carmela y Rafael, a Pedro Vargas, al mismo Demetrio, y al argentino Daniel Riolobos. Por la misma época ya había comenzado a componer y fue en 1958 cuando Gatica grabó un bolero suyo: "Voy a apagar la luz". Poco a poco, otros artistas que triunfaban en ese momento, comenzaron a pedirle canciones. Entre ellos podemos nombrar a Bobby Capó, que grabó su tema "Llorando estoy". A mediados de los sesenta llegó la era "manzanero" de música romántica, ya que obtuvo una serie de éxitos que comenzaron con "Adoro", "Esta tarde vi llover", "Mía", "Cuando estoy contigo", "Somos novios", "No", "Contigo aprendí", "Te extraño" y "El ciego". Con estas melodías comienza a ser reconocido internacionalmente. Su sorprendente repertorio, después de un período de decadencia del bolero, lograba rejuvenecer el género y situarlo nuevamente entre las preferencias del público. En 1967 el gran compositor, arreglista y promotor, Rubén Fuentes, aconsejó a Manzanero que grabara sus propias canciones. Y al igual que en el caso de Agustín Lara, el público respondió, aceptando masivamente los boleros en la interpretación de su creador. Lo que le faltaba en calidad vocal, le sobraba en sentimiento. El músico yucateco no sólo triunfó en los países de habla hispana. Muchos de sus boleros han sido traducidos a otros idiomas y han llegado a ser interpretados por artistas tan diversos como Frank Sinatra, Perry Como, Olga Guillot, Eydie Gormé, Johnny Mathis, Elis Regina, Pablo Milanés, Chico Buarque, Raphael, María Martha Serra Lima, Daniela Romo, Ana Gabriel, Marco Antonio Muñiz, Dyango, Cheo Feliciano, Luis Miguel y Roberto Carlos. Ha grabado más de treinta discos y ha musicalizado varias películas. También realizó producciones conjuntas como la que hizo con José Alfredo Jiménez en 1969. Manzanero ha recibido innumerables distinciones y reconocimientos de personas, empresas, instituciones, asociaciones, organismos internacionales y gubernamentales. Ha obtenido muchos discos de oro y hasta un premio Grammy por su canción "Somos novios". Desde sus inicios como pianista, Armando ha ganado prestigio como compositor e intérprete, presentándose en diversos escenarios de América, Europa y Asia. El Lincoln Center de Nueva York, el Sport Arena de California, el Teatro Teresa Carreño de Caracas, Venezuela, el Teatro Colón de Argentina, el Teatro Metropolitan, el Auditorio Nacional, y la Sala Netzahualcóyoti de México, son algunas de los lugares que lo vieron pasar. La prolífica creatividad de Manzanero le ha permitido componer más de cuatrocientas canciones, de las cuáles, más de cincuenta, han obtenido fama internacional. Además de las ya mencionadas figuran también, "Por debajo de la mesa", "Felicidad", "Como yo te amé", "Te recuerdo", "No sé tú" y "Señor amor", entre otras. En la actualidad Armando Manzanero sigue activo en su carrera musical. No sólo continúa ofreciendo recitales de bolero en distintos países, sino que además sigue cosechando éxitos como compositor. Revivió el bolero en la década del `60, y fue también quién treinta años después convenció a Luis Miguel de que cantara boleros seleccionándole el repertorio. Desde hace once años a la fecha es vicepresidente de la Sociedad de Autores y Compositores de México. Consuelo Velázquez Nació el 29 de agosto de 1924 en Ciudad Guzmán, Jalisco, México. Poco tiempo después se mudó con su familia a Guadalajara. Allí comenzó a estudiar piano a la temprana edad de cuatro años. Sus maestros Ramón Serratos y Aurora Garibay la incentivaron, años más tarde, a trasladarse a la ciudad de México, para continuar sus estudios en el Conservatorio Nacional. Se recibió de concertista tocando en el Palacio de Bellas Artes. Después de graduarse, se incorporó a la radiodifusora XEW como ejecutante de música clásica. Allí se contactó con otros músicos, integró algunos conjuntos y dio a conocer la canción "Bésame mucho". Esta composición le proporcionaría una popularidad universal, ya que ha sido traducida a veinte idiomas y cantada por cientos de intérpretes, incluidos los Beatles. Más tarde la compositora alternó su actividad musical con la política, llegando a ser diputada federal en el período que corresponde a los años 1979 a 1982. Además se desempeñó como presidenta de la Sociedad de Autores y Compositores Mexicanos y como vicepresidenta de la Confederación Internacional de Sociedades de Autores y Compositores, a la que pertenecen cuarenta y cuatro países. Aparte de "Bésame mucho", son de su autoría muchas obras musicales tales como: "Al nacer este día", "Anoche", "Aunque tengas razón", "C'est ma raison de vivre", "Cachito" (dedicada a uno de sus hijos), "Déjame quererte", "No me pidas nunca", "No volveré", "Pensarás en mí", "Los pequeños detalles", "Vivir y amar", "Volverás a mí" y "Yo no fui". A lo largo de su carrera ha recibido varios premios y reconocimientos. Por ejemplo, El Consejo Panamericano que reúne a las sociedades de autores y compositores de Latinoamérica le otorgó el premio y título de "Compositora de América". Ernesto Lecuona Ernesto Sixto Lecuona nació en Guanabacoa, Cuba, el 7 de agosto de 1896(*). Fue un niño muy precoz en su aprendizaje musical. Su hermana Ernestina lo inició en el estudio del piano y a los cinco años ya daba conciertos en el Círculo Hispánico de la Habana. A los once años acompañaba con su piano las funciones de cine mudo del Teatro Fedora y un año más tarde comenzó a realizar sus primeras composiciones. Al concluir sus estudios en el Conservatorio Nacional en 1913 obtuvo, por unanimidad, la Medalla de Oro de su curso. Muy pronto sus dotes excepcionales como pianista y compositor lo llevaron a triunfar en los escenarios del mundo. En 1931 fundó la orquesta de rumba Lecuona Cuban Boys, que perduró con pocos cambios hasta 1975. Con ella realizó numerosas giras internacionales y tuvo particular aceptación en Francia, Italia (donde contrató al cantante Alberto Rabagliat) y España. En este último país se enfermó Lecuona y dejó a cargo del maestro Armando Oréfiche. Lecuona fue también intérprete y compositor de géneros cultos. Junto a Gonzalo Roig y Rodrigo Prats, forma la trilogía más importante de compositores del teatro lírico cubano y, en especial, de la zarzuela. Es autor de varias zarzuelas tales como: "María la O" (que derivó en un bolero clásico), "El batey", "El cafetal", "El maizal" y "Rosa la china", entre otras. Su producción musical abarca más de seiscientos títulos, incluidas setenta danzas para piano, algunos boleros y hasta una ópera. Temas clásicos del caribe como "Ay, mama Inés" (de la zarzuela "Niña Rita") o "Para Vigo me voy", "Tus ojos azules", "Malagueña", "Recordar", "Panamá", "Lola cruz" y "Siboney" son parte de su repertorio. Esta última fue una de las primeras canciones que registraron la influencia racial múltiple que permitió la formación de muchos ritmos latinoamericanos, entre los que podemos nombrar: el chamamé, el ballenato, el son y, por supuesto, el bolero. Este ritmo tiene una impagable deuda con Lecuona. Suyas son algunas obras cumbres como: "Siempre en tu corazón", "Damisela encantadora", "Como arrullo de palmas", "Se fue" y "Noche azul". Su obra vocal es muy amplia y sus canciones más populares llevan casi un siglo viajando por el mundo. En numerosas ocasiones han sido grabadas por excelentes intérpretes cubanos como Rita Montaner y Esther Borja, o intérpretes extranjeros, entre los que cabe destacar al mexicano José Mojica, y los españoles Alfredo Kraus y Plácido Domingo. El apellido Lecuona no está ligado al bolero sólo por Ernesto. Su hermana Ernestina compuso boleros como "Ahora que eres mía" y "Ya que te vas". Margarita Lecuona, otra familiar, compuso dos boleros memorables: "Por eso no debes" y "Eclipse". Ernesto Lecuona falleció en las Islas Canarias el 29 de noviembre de 1963 y, actualmente, sus reposan en Estados Unidos. CANCIONES Bésame mucho (Consuelo Velázquez, 1941) Bésame bésame mucho como si fuera esta noche la última vez. Bésame bésame mucho que tengo miedo a perderte perderte después. Quiero tenerte muy cerca mirarme en tus ojos verte junto a mí. Piensa que tal vez mañana yo ya estaré lejos muy lejos de aquí. Bésame bésame mucho como si fuera esta noche la última vez. Bésame bésame mucho que tengo miedo a perderte perderte después. El reloj (Roberto Cantoral, 1956) Reloj, no marques las horas porque voy a enloquecer ella se irá para siempre cuando amanezca otra vez. Nomás nos queda esta noche para vivir nuestro amor y tu tic-tac me recuerda mi irremediable dolor. Reloj, detén tu camino porque mi vida se apaga ella es la estrella que alumbra mi ser yo soy su amor no soy nada. Detén el tiempo en tus manos haz esta noche perpetua para que nunca se vaya de mí para que nunca amanezca. Historia de un amor (Carlos Almarán, 1955) Ya no estás más a mi lado corazón en el alma sólo tengo soledad y si ya no puedo verte porque Dios me hizo quererte para hacerme sufrir más. Siempre fuiste la razón de mi existir adorarte para mi fue religión y en tus besos yo encontraba el calor que me brindaban el amor y la pasión. Es la historia de un amor como no hay otro igual que me hizo comprender todo el bien todo el mal que le dio luz a mi vida apagándola después. Ay¡ que vida tan oscura sin tu amor no viviré. La barca (Roberto Cantoral, 1957) Dicen que la distancia es el olvido pero yo no concibo esa razón porque yo seguiré siendo el cautivo de los caprichos de tu corazón. Supiste esclarecer mis pensamientos me diste la verdad que yo soñé ahuyentaste de mi los sufrimientos en la primera noche que te amé. Hoy mi playa se viste de amargura porque tu barca tiene que partir a cruzar otros mares de locura. Cuida que no naufrague tu vivir. Cuando la luz del sol se esté apagando y te sientas cansada de vagar piensa que yo por ti estaré esperando hasta que tu decidas regresar. La mentira (Álvaro Carrillo, 1965) Se te olvida que me quieres a pesar de lo que dices pues llevamos en el alma cicatrices imposibles de borrar. Se te olvida que hasta puedo hacerte mal si me decido pues tu amor lo tengo muy comprometido pero a fuerza no será. Y hoy resulta que no soy de la estatura de tu vida y al dejarme casi, casi se te olvida que hay un pacto entre los dos. Por mi parte te devuelvo tu promesa de adorarme ni siquiera sientas pena por dejarme que ese pacto no es con Dios. La puerta (Luis Demetrio, 1958) La puerta se cerró detrás de ti y nunca más volviste a aparecer. Dejaste abandonada la ilusión que había en mi corazón por ti. La puerta se cerró detrás de ti y así detrás de ti se fue mi amor creyendo que podría convencer a tu alma de mi padecer. Pero es que no supiste soportar las penas que nos dio la misma adversidad. Así como también nos dio felicidad nos vino a castigar con el dolor. La puerta se cerró detrás de ti y nunca más volviste a aparecer. Dejaste abandonada la ilusión que había en mi corazón por ti. Noche de ronda (Agustín Lara, 1940) Noche de ronda, qué triste pasas qué triste cruzas por mi balcón. Noche de ronda, cómo me hieres cómo lastimas mi corazón. Luna que se quiebra sobre las tinieblas de mi soledad. ¿A dónde vas?. Dime si esta noche tú te vas de ronda como ella se fue. ¿Con quién estás?. Dile que la quiero dile que me muero de tanto esperar. Que vuelva ya. Que las rondas no son buenas que hacen daño que dan penas y se acaba por llorar. Perfidia (Alberto Domínguez) Nadie comprende lo que sufro yo canto, pues ya no puedo sollozar solo, temblando de ansiedad estoy todos me miran y se van. Mujer Si puedes tu con Dios hablar Pregúntale si yo alguna vez Te he dejado de adorar. Y el mar, espejo de mi corazón las veces que me ha visto llorar la perfidia de tu amor. Te he buscado donde quiera que yo voy y no te puedo hallar. ¿Para qué quiero tus besos si tus labios no me quieren ya besar?. Y tú quién sabe por dónde andarás quién sabe qué aventura tendrás ¡qué lejos estás de mí!. Sabor a mí (Álvaro Carrillo, 1959) Tanto tiempo disfrutamos de este amor nuestras almas se acercaron tanto así que yo guardo tu sabor pero tú llevas también sabor a mí. Si negaras mi presencia en tu vivir bastaría con abrazarte y conversar tanta vida yo te di que por fuerza tienes ya sabor a mí. Sabor a mí (Álvaro Carrillo, 1959) Tanto tiempo disfrutamos de este amor nuestras almas se acercaron tanto así que yo guardo tu sabor pero tú llevas también sabor a mí. Si negaras mi presencia en tu vivir bastaría con abrazarte y conversar tanta vida yo te di que por fuerza tienes ya sabor a mí. No pretendo ser tu dueño no soy nada, yo no tengo vanidad de mi vida doy lo bueno soy tan pobre, ¿qué otra cosa puedo dar?. Pasarán más de mil años, muchos más yo no sé si tenga amor la eternidad pero allá, tal como aquí en la boca llevarás Sabor a mí. Tristezas (José Pepe Sánchez, 1883) Tristezas me dan tus quejas, mujer profundo dolor, que dudes de mi. No hay prueba de amor que deje entrever cuánto sufro y padezco por ti. La suerte es adversa conmigo no deja ensanchar mi pasión. Un beso me diste un día y lo guardo en el corazón. No pretendo ser tu dueño no soy nada, yo no tengo vanidad de mi vida doy lo bueno soy tan pobre, ¿qué otra cosa puedo dar?. Pasarán más de mil años, muchos más yo no sé si tenga amor la eternidad pero allá, tal como aquí en la boca llevarás Sabor a mí. |
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